Quiero pensar que las personas que nos han querido y hemos correspondido estarán ahí esperándonos para un reencuentro (aunque no tengo la certeza de dónde), que esto no es un adiós y así a llegada de la hora de cada uno, nos volveremos a reunir, que nos abrazaremos de nuevo,…

Nos trataste con todo el cariño y la humildad del mundo, nos hiciste sentir como de la familia o mejor…perderte duele tanto como si fueras de la propia.

Aún no puedo creerlo.

Agradezco al destino o quién jugará esas cartas que me llevaron a conocerla, aunque me decían que era una sombra de lo que fue en su día, pues la enfermedad y pérdida de su amado la dejo el corazón tocado. Pero yo la admiro.

Porque encontré en ella una mujer que lo inunda todo con su luz, fuerte y decidida, alegre, siempre dispuesta para ayudar o dar lo que hiciera falta, testaruda e inteligente, con una voz dulcisima que siento no haber podido disfrutar en un concierto con sus compañeras aunque si tuve el placer de hacerlo en privado. Hoy las escucharemos a ellas cantar por ti, por el vacío que nos dejas.

Sinceramente, quienes no habéis tenido el placer de conocerla, lamento deciros que no sabéis lo que os habéis perdido.

Y ¡Gracias por esos hijos geniales que dejas, por que nuestra amistad con ellos perdure! Y todas esas nietas y nieto, de sangre o no, lo continúen.

Has sufrido mucho, pero como bien dijo mi tocaya, madre de tus nietas, después de tanto sufrimiento repentino, al fin la mariposa rompió la crisálida.

Adiós Doctora Navarro ¡Te vamos a echar muchísimo de menos! Te queremos muchísimo, gracias por todo, descansa luchadora y espera nuestro reencuentro.

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